Nacida en Badalona en 1991.
Soy educadora y divulgadora canina, y desde hace años acompaño a familias en procesos de convivencia, comunicación y comprensión emocional con sus perros, especialmente cuando existen miedos, inseguridades o dificultades de conducta.
Actualmente, también tengo una sección de divulgación en el programa BDN360 de Televisió de Badalona, donde hablamos sobre comportamiento y bienestar canino.
Además, formo a otros profesionales del sector, ayudándoles a desarrollar una mirada más empática, científica y respetuosa hacia el comportamiento animal.
Antes de dedicarme al mundo canino, fui profesora de primaria, y siempre digo que hay mucho en común entre educar niños y educar perros: en ambos casos se trata de acompañar el desarrollo, entender la emoción y construir una relación basada en confianza y coherencia.
Mi formación como educadora canina incluye una larga trayectoria de seminarios, cursos y especializaciones que he ido sumando con los años —porque en este campo en constante evolución y nunca se deja de aprender.
No siempre lo cuento en la primera consulta, pero detrás de El Perro Negro hay un equipo.
Cuando un caso lo necesita, cuento con el respaldo de una etóloga clínica y una veterinaria con las que trabajo mano a mano. Ellas son una parte muy importante en el éxito de muchas terapias.
Y esto importa más de lo que parece.
Hay situaciones en las que la conducta y la salud van de la mano. Un perro que come con ansiedad, que tiene reactividad extrema, que ha cambiado de comportamiento de repente… a veces detrás hay algo que va más allá de la educación. Tener esa cobertura dentro del mismo equipo significa que no te voy a dejar a medias ni te voy a derivar a alguien que no conoce tu caso.
Actualmente convivo con Enya, una perrita rescatada tras sufrir malos tratos.
Antes viví con Leash, y desde pequeña he compartido mi vida con perros de caza en casa de mis padres.
Ellos —Enya y Leash— fueron mi gran punto de inflexión.
Tenían miedo a las personas, llegaron a morderme, y en ese intento de entenderlos encontré mi vocación.
Buscaba soluciones y solo encontraba métodos basados en la imposición y el castigo, que no solo no funcionaban, sino que les dañaban más.
Así empecé a formarme: por necesidad, y acabé quedándome por convicción.
Hoy sigo con la misma idea con la que empecé: entender para acompañar.
Porque cuando dejamos de querer controlar al perro y empezamos a comprender lo que siente, todo cambia.
Ahí es donde, de verdad, empieza la educación.
Puedes hablarme directamente o escribirme un correo electrónico.
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