La educación canina no va de corregir conductas aisladas ni de enseñar órdenes porque sí. Va de comprender a tu perro, su forma de comunicarse y lo que necesita para poder convivir con más calma y seguridad en su día a día.
Acompañar a un perro desde la educación implica mirar más allá del síntoma y preguntarnos qué hay detrás de lo que está pasando: emociones, experiencias previas, entorno, vínculo y contexto.
Trabajo con familias de Barcelona y alrededores que buscan una forma diferente de relacionarse con su perro: desde la comprensión, no desde el control.
La educación canina es un proceso de acompañamiento que tiene como objetivo mejorar la convivencia entre el perro y su familia, teniendo en cuenta cómo aprende, cómo se comunica y cómo gestiona el entorno.
No se centra únicamente en cambiar conductas visibles, sino en entender por qué ocurren y qué necesita el perro para poder adaptarse mejor a su vida cotidiana.
La educación canina respetuosa pone el foco en:
el bienestar emocional del perro
la relación humano-perro
el contexto en el que vive
y la coherencia en el acompañamiento
Aunque a menudo se utilizan como sinónimos, educación canina y adiestramiento no son lo mismo.
El adiestramiento suele centrarse en enseñar conductas concretas, como el setnado o dumbado, sin ocuparse de la raíz del problema. Se centra únicamente en el síntoma.
La educación canina, en cambio, trabaja la base de la convivencia: comunicación, emociones, vínculo y comprensión mutua. La conducta que nos preocupa es el síntoma de que hay malestar y dificultad, profundizamos en el motivo y el orígen de ésta, buscando el bienestar al completo.
En muchos casos, abordar solo la conducta no es suficiente si no entendemos qué le está pasando al perro. Por eso, mi trabajo parte siempre desde la educación, analizando contexto, relación, intención y emoción.

Identifiamos cuál es la causa del problema que te preocupa.

Asignamos una terapia y te guio para no estés sola durante el proceso.

Revisamos pautas y avances.
Puedes hablarme directamente o escribirme un correo electrónico.
El adiestrador canino tradicional se centra en enseñar órdenes y obediencia. El educador canino respetuoso, en cambio, trabaja la convivencia diaria, la gestión emocional y la relación perro-familia. En Barcelona, muchas familias buscan educadores porque entienden que el bienestar del perro no se basa solo en obedecer, sino en aprender a relacionarse de forma sana con su entorno.
Después de años acompañando a familias multiespecie, he visto de cerca cómo trabajar con sesiones sueltas puede generar mucha frustración y, sobre todo, una sensación de abandono. Además, lamentablemente, el porcentaje de éxito en estos casos suele ser muy bajo. Por eso, tengo un enfoque más constante y personalizado, porque se crea un vínculo de confianza y seguridad que es clave para el bienestar de todos.
A través de la sesión online, de 60′ comprenderemos por qué tu perro hace lo que hace, cómo lo hace, el motivo y la emoción que hay detrás de ello. Identificaremos cuál es la causa y sacaremos un diagnóstico.
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Los ladridos excesivos suelen ser una forma de comunicación ligada a aburrimiento, estrés, falta de necesidades cubiertas, malestar… El primer paso es identificar la causa: ¿ladra cuando está solo, cuando oye ruidos o cuando alguien pasa por la puerta? La educación canina respetuosa trabaja desde el origen del problema, no nos quedamos en la conducta, ofreciendo soluciones reales para el bienestar familiar a largo plazo. No ponemos parches. Un profesional puede guiarte para reducir el estrés y enseñar alternativas de comunicación.
Tirar de la correa es muy común y no se corrige con castigos. Se debe a emoción, inseguridades con el entorno, necesidad de explorar… Para mejorar, usa un material respetuoso (arnés en Y y correa larga) y practica paseos de calidad donde el perro pueda oler y regular su ritmo. Con ejercicios progresivos y acompañamiento profesional, tu perro aprenderá a pasear de forma tranquila sin dañar su bienestar.
La ansiedad por separación no se resuelve de golpe: requiere un acompañamiento personalizado a cada caso y cada familia. El apego y el vínculo que tiene el perro con la familia es clave para solucionar este problema. Es fundamental cubrir necesidades físicas y emocionales antes de dejarlo solo. Con un proceso estructurado y apoyo profesional, tu perro aprenderá a gestionar la soledad de manera segura.
El equipo básico recomendado es un arnés en forma de Y, que no bloquea los hombros, y una correa de al menos 2 metros. Estos materiales permiten libertad de movimiento y reducen lesiones. Evita collares de ahogo, pinchos o correas extensibles, que generan tensión y problemas físicos y emocionales. Un buen material mejora tanto la seguridad como la comunicación en los paseos.
La reactividad no es “maldad” ni falta de obediencia: es una respuesta emocional de miedo, inseguridad o frustración. El enfoque respetuoso consiste en aumentar la distancia con los estímulos, dar tiempo para la observación y reflexión, y ofrecer salidas de energía adecuadas. Con acompañamiento profesional, puedes ayudar a tu perro a ganar seguridad y reducir los estallidos de ladridos o tirones.
Cada perro tiene necesidades distintas: un cachorro necesita paseos cortos con pocos estímulos, un adulto dependerá de la tipología y perronalidad, y un perro mayor necesita rutinas más tranquilas y previsibles. Más que “cansar” al perro, el objetivo es equilibrar ejercicio físico, estimulación mental y descanso. Un educador canino puede ayudarte a adaptar la rutina a tu perro en concreto.
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